Demanda de energia





Demanda de energia .

Una fuente de energía de que dispone el hombre desde hace poco tiempo es la fuerza nuclear. Se derivan de su producción desechos muy radiactivos, que hay que poner «a seguro recaudo». Los materiales radiactivos son letales para los seres vivos a ciertas concentraciones, pero incluso las dosis subletales pueden provocar mutaciones en la descendencia. Algunos de esos desechos pueden ser peligrosos durante decenas de miles de años, por lo que deben ser enterrados a cientos de metros bajo tierra, en rocas que estén a salvo de seísmos y de infiltraciones de agua que pudieran llevar su radiactividad a la super­ficie. Las consecuencias ecológicas de esos residuos pueden afectar a la humanidad a lo largo de cientos de futuras generaciones.
La construcción de centrales hidroeléctricas basadas en presas puede también afectar a los ecosistemas, no sólo por la destrucción de hábitats por culpa de la inundación, sino también por las consecuencias de la privación de agua en los hábitats del curso inferior del río. Antes de la construcción de la gran presa de Asuán, se formaban en el Mediterráneo Oriental barras de arena; éstas originaban lagunas sumamente salinas y ricas en nutrientes, que ofrecían condiciones óptimas para la vida de los camarones, base de una floreciente industria pesquera; con la construcción de la presa, los camarones desaparecieron y la industria pesquera quedó paralizada.
Las mareas negras, que se producen al naufragar petroleros o al sufrir averías las plataformas de perforación petrolífera, constituyen otra de las consecuencias nocivas de la industria energética, ya que conllevan la muerte de muchas especies marinas y aves.
El petróleo ha causado daños irreparables a bancos coralinos y manglares, importantes hábitats de cría para gran número de especies. Los bancos coralinos mueren por asfixia al adherirse a ellos el petróleo; incluso un escaso nivel de contaminación reduce su tasa de crecimiento; los dispensadores químicos empleados para eliminar las mareas negras pueden ser también tóxicos para ellos. Las ave; embadurnadas de petróleo se intoxican cuando tra tan de limpiar el plumaje y engullen petróleo; la: plumas pierden además sus propiedades hidro-repelentes, por lo que las aves marinas se empapan de agua y se ahogan.
También los ríos pueden sufrir contaminaciones de ese tipo. No hace mucho reventó un oleoducto junto a uno de los afluentes del Amazonas, lo que se tradujo en una lengua de aceite flotante de 600 km de largo; tardó tres días en pasar por delante de una localidad, en su viaje de 6 000 km hasta el océano Atlántico; las orillas del gran río, junto con la maleza acuática a lo largo de su curso, se cubrieron de espesos pegotes de aceite, por lo que se teme una destrucción de la fauna de enormes proporciones.

La construcción de presas puede afectar gravemente el equilibrio ecológico del valle de un río. Una gran extensión de tierra queda sumergida, con lo que su fauna se pierde y las regiones situadas río abajo pueden sufrir la privación de agua y de sustancias minerales. Cierto es que el lago artificial que queda detrás de la presa proporciona un nuevo -aunque diferente- entorno acuático



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