Islas volcanicas





Colonizacion

Algunas partes de la superficie de la Tierra, como las islas volcánicas, sólo se han visto habitadas últimamente por una fauna terrestre y sin la interferencia del hombre
Cuando una isla volcánica hace su aparición en medio del mar, como resultado de la creación de nuevo material de la corteza terrestre junto a las dorsales oceánicas o como un efecto colateral de la destrucción de corteza en las simas oceánicas, la llegada de los seres vivos suele seguir un esquema muy particular. Los primeros organismos que llegan a tales islas son semillas y esporas, sobre todo las que tienen alas o vellosidades, llevadas por el viento desde lejanas tierras. Echan raíces en las cenizas y en la lava, después que éstas, con su despensa de sales minerales, se enfrían. Los primeros animales en llegar suelen ser los ácaros, debido a su ligereza, y los insectos voladores. Una serie de aves voladoras llegan poco después (la mayoría de las islas oceánicas se caracterizan por la diversidad de su avifauna).
La colonización por los animales terrestres es más lenta y aleatoria. Pasados muchos años pueden de­sembarcar en la nueva isla lagartos, tortugas de tie­rra y roedores tras haber sido arrastrados al mar so­bre troncos procedentes de lejanas tierras.
Al no haber depredadores terrestres en estas islas, algunas aves abandonan tal vez su facultad de volar para adoptar una existencia terrestre. Nueva Zelanda fue antes un excelente ejemplo de ello. En este archipiélago, donde no había otros mamíferos que murciélagos, los mayores animales eran los moas, unas aves gigantescas no voladoras; su único pariente que sobrevive es el kiwi, que ha perdido hasta los vestigios de las alas. Muchas otras aves sin vuelo las conservan, pero sólo las emplean para guardar el equilibrio al andar; son dos ejemplos de esto el weka y el cacapú, este último una especie de loro que vive en madrigueras, como los conejos.
Una fauna así, evolucionada en el aislamiento y especializada hasta tal extremo, no puede ser más vulnerable. La introducción de presiones selectivas nuevas, por ejemplo la llegada del hombre con sus animales domésticos, provoca casi siempre su declive. Las ovejas y las cabras esquilman en seguida la vegetación; y los perros, los gatos y las inevitables ratas hacen presa rápidamente en todo ser viviente que no tiene modo de escapar. Este esquema de des­trucción se ha repetido demasiadas veces por todo n» el planeta; constituyen ejemplos de ello el dodo de Mauricio y las aves solitarias de las islas Mascareñas; éstas eran aves grandes y no voladoras (hoy extinguidas) que no pudieron soportar las presiones selectivas de las especies allí introducidas.

Islas volcanicas-1.

Los volcanes pueden destruir completamente la flora y la fauna de sus alrededores. El monte St Helens, situado en la costa este de Estados Unidos de América entró en erupción en la primavera de 1980 y causó una tremenda devastación a nivel local y afectó a los climas a nivel mundial

Islas volcanicas-2.

Pasado algún tiempo, el suelo volcánico puede volverse feraz en extremo y las plantas empezar a crecer en él, lo que atrae animales a la región. Las Islas Canarias están compuestas de materiales volcánicos acumulados durante millones de años y mantienen una flora y una fauna muy variadas



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