Masajes corporales





masajes corporales.

La sesión de masaje depende sobre todo del problema que tenga el paciente, pero por lo general empieza con una serie de preguntas acerca de cómo se encuentra, qué le pasa, así como sobre su modo de vida y sus hábitos; es decir, se confecciona una ficha con el historial de la persona. Una vez elaborado el historial el terapeuta decide cuáles son las técnicas más idóneas para el tratamien­to que ha de llevar a cabo, y acto seguido da comienzo la sesión de masaje. El masaje se suele realizar en una sala aislada de ruidos, de ambiente acogedor, con música agradable y una temperatura confortable, para así facilitar la sensación de bienestar del paciente. Durante la sesión el terapeuta debe evitar hablar para lograr que el paciente se relaje y pueda aprovechar al máximo posible la sesión de masaje. Para aplicar el masaje, y como vehículo para que se deslicen las manos, el masajista puede utilizar algún tipo de aceite o crema con propiedades calmantes, relajantes, etc., que potencien el tipo de tratamiento que ha de realizar, aunque no es imprescindible, pues lo más importante son las manos del terapeuta. A pesar de que el masaje tiene que ser agradable y relajante, a menudo puede ser molesto e incluso llegar a producir dolor, sobre todo si existen zonas tensas, con contracturas musculares o, simplemente, doloridas. Si se da este caso, el masajista ha de saberlo para modificar o adaptar la forma de trabajo, tanto en la presión como en la manera de hacer el masaje (utilizar diferentes manipulaciones, ejercer más o menos presión o profundidad de presión, etc.). Una sesión de masaje completa dura entre una hora y una hora y cuarto, según el tratamiento que se esté realizan­do (masaje completo o relajante); aunque, si se realiza para resolver un problema concreto (tortícolis, lumbago…), puede ser más breve, ya que el tratamiento se limitará a la zona dolorida y a las zonas relacionadas con ella. El número de sesiones depende de la afección y del poder de recuperación del paciente; así, un problema crónico puede resolverse con una o dos sesiones semanales, mientras que para un problema grave se necesitan de dos a tres masajes a la semana. El masajista, además de conocer las diferentes técnicas o variantes existentes, suele incluir en sus tratamientos otras terapias naturistas (fitoterapia, dietética o hidroterapia).



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