Ranas y sapos





El orden anuros está compuesto por los sapos y las ranas, especializados en dar grandes saltos, con largas patas traseras musculosas y una fuerte cintura escapular capaz de amortiguar el impacto del aterrizaje. Su aspecto físico nos recuerda muy poco a los anfibios del Paleozoico superior y está poco claro su árbol evolutivo.
Sin embargo, dos laberintodontos del Carbonífero inferior, el Amphibamus y el Miobatrachus, hallados en Illinois, Estados Unidos de América, tenían un cráneo que parece sugerir una fase precoz de la evolución de las ranas. El primer miembro conocido del grupo de los batracios es el Triadobatrachus, de unos 10 cm de largo, que existió en Madagascar en la primera parte del Triásico; su cráneo se parece mucho al de una rana, pero el resto de su cuerpo no estaba tan especializado como el de las ranas actuales. Tenía una columna bastante larga, con 14 vérte­bras (frente a las 9 o 10 de las ranas y los sapos de nuestro tiempo), prueba de que no había adoptado aún su corta y achaparrada forma de cuerpo; tenía aún una cola corta en su forma adulta.

Ranas y sapos.
Sin embargo, los anfibios más primitivos tenían bastante más vértebras, circunstancia que se asocia con su movimiento natatorio sinuoso. El movimiento natatorio del Triadobatrachus se concentraba en las fuertes sacudidas impulsoras de las patas traseras, movimiento que probablemente dio origen a los saltos típicos de las formas hoy existentes. Se han hallado huellas de pisadas de animales similares a las ranas en depósitos sedimentarios procedentes del Pérmico anterior, lo que sugiere que las patas delan­teras eran empleadas casi como manos, para escarbar en el fango en busca de alimento. Las ranas propiamente dichas más antiguas fueron la Vierella y el Notobatrachus, cuyos restos fósiles se han hallado en Sudamérica, procedentes del Jurásico (hace 140-210 millones de años).

Los sapos y las ranas viven en tierra y en agua dulce y tienen unas potentes patas traseras con pies palmeados, que les permiten nadar y saltar. Sus potentes músculos extensores del muslo extienden la pata de golpe, proyectando el palmeado pie contra el suelo o el agua. El empuje resultante se transmite a través del cuerpo mediante la cintura pélvica y la columna, lo que lanza al animal entero hacia delante y hacia arriba. Las pequeñas patas delanteras ayudan al animal a dirigirse en el agua y a amortiguar el impacto del aterrizaje en un suelo duro



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