Redes alimentarias





Un ser vivo que compone su organismo de alimentos básicos puede servir después de alimento para otro ser vivo, que a su vez puede convertirse en una fuente alimentaria para un tercer nivel de consumidores, y así sucesivamente. Este intercambio alimenticio se denomina cadena alimentaria.
Una cadena alimentaria simple empieza en plantas que emplean la energía solar para obtener su propio alimento a partir de sus propias materias primas. El siguiente eslabón lo  forman los herbívoros en general, y a éste sigue el de los depredadores que se comen a los herbívoros. Puede haber incluso un depredador de segundo orden que se alimente de carnívoros. Al final de la cadena, hay un depredador que carece de enemigos naturales; pero, cuando muere -por accidente, enfermedad o de viejo-, es devorado por los necrófagos, o bien se descompone, y devuelve así al suelo las materias primas químicas que necesitan las plantas para producir sus propios alimentos en el otro extremo de la cadena.
La realidad es infinitamente más compleja que todo esto; y, más que de cadena, deberíamos hablar de red alimentaria. Los necrófagos y los organismos reductores en general actúan sobre criaturas situadas en cada nivel, y no sólo en el extremo, y muchos seres vivos hallan su alimento en más de un eslabón.
Los seres vivos que constituyen cada eslabón no suponen una fuente alimentaria absoluta para el nivel siguiente. Como regla general, sólo alrededor del 10 % del alimento que toman se convierte en tejido que puedan comer los organismos situados más arriba de la cadena. Por ejemplo, cien toneladas de hierba de una pradera mantienen a diez toneladas de antílopes que, a su vez, mantienen sólo a una tonelada de leones. La cadena o red alimentaria se nos presenta así más bien como una pirámide, con una ancha base de plantas que dan de comer a una serie de pisos, cada vez más pequeños, situados sucesivamente encima. Pero esto no es más que una simplifi­cación más, puesto que un bioma como la selva tropical tiene miles de tipos de plantas como producto­res primarios, y cada uno de ellos constituye la base de una pirámide alimentaria diferente. Más aún, los miembros de una pirámide alimentaria pueden serlo también de otra y constituir así un sistema entero de tal complejidad, que perdemos de vista su es­tructura real.
A nivel cronológico, la estructura de un bioma se autorregula. Cuando una catástrofe afecta a un nivel particular de la pirámide, o a un eslabón dado de la cadena, pueden darse repercusiones extensas en el sistema entero. Por ejemplo, en una pradera la hierba es comida por insectos, éstos son comidos por las musarañas y éstas por las lechuzas; si las musarañas se muriesen totalmente por enfermedad, las lechuzas se morirían de hambre o tendrían que irse a otra parte, y los insectos aumentarían mucho al no tener depredadores y su número estaría únicamente limitado por la hierba disponible; pero la hierba, devorada en exceso, empezaría a desaparecer; sin embargo, el aumento de los insectos atraería pronto otro depredador, por ejemplo un pájaro insectívoro, que atraería a su vez un depredador de se­gundo orden, digamos un gavilán. Y el sistema vol­vería finalmente a estabilizarse Otra vez en forma de pirámide.
Los depredadores mantienen la estabilidad de la pirámide matando primariamente los individuos débiles e ineptos de sus especies depredadas: los aptos y los sanos normalmente escapan o los rechazan. De ese modo se mantiene un nivel alto de aptitud en las especies de presa.

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