Selección disruptiva





Un segundo tipo de selección, la selección disruptiva, provoca el incremento de los dos tipos extremos de una población, a expensas de las formas intermedias. La selección disruptiva en el laboratorio, por ejemplo, originó las líneas de alto y bajo número de cerdas en Drosophila descritas en el capítulo anterior.

Un caso particularmente claro de selección disruptiva en acción fue demostrado en estudios de plantas que crecen en suelos que previamente estaban contaminados por la actividad minera con sales de metales pesados. Los límites entre las áreas contaminadas y no contaminadas frecuentemente son muy marcados. Las plantas que crecen en suelo no contaminado son incapaces de sobrevivir en suelo contaminado, mientras que las plantas de la misma especie que crecen en suelo contaminado son capaces de sobrevivir en las áreas no contaminadas, pero no pueden competir con las que ya estaban creciendo allí. Así, los dos fenotipos extremos han sido “favorecidos” a expensas de las formas intermedias, dando como resultado el desarrollo de diferencias muy marcadas entre los dos grupos durante los 50 años transcurridos desde que se interrumpieron las actividades mineras y las plantas comenzaron a colonizar el área.

La selección disruptiva puede dar como resultado la formación de dos especies nuevas, un tema que discutiremos en el próximo capítulo. Un ejemplo recientemente descrito de selección disruptiva es también un ejemplo de selección dependiente de la frecuencia y de selección sexual. El salmón plateado o coho (Oncorhynchus kisutch) del noroeste del Pacífico desova en arroyos de agua dulce, en los que pasa su primer año de vida antes de migrar al océano y alcanzar la madurez sexual. Luego, el pez retorna a su arroyo natal donde se reproduce y muere. Aunque las hembras de esta especie alcanzan la madurez sexual y vuelven para reproducirse a los 3 años de edad, los machos pueden alcanzar la madurez sexual a los 2 o a los 3 años. Los machos de 2 años tienen aproximadamente la mitad del tamaño de los machos de 3 años. Estas edades de maduración sexual 2 o 3 años están, en parte, determinadas genéricamente. Estudios hechos por Mart R. Gross, de la Universidad Simón Fraser de la Columbia Británica, EE.UU., han mostrado que la selección disruptiva no sólo es la responsable de mantener estos dos tipos de machos en la población sino que, además, favorece a los machos de 2 años más pequeños y a los machos de 3 años más grandes. Cuando una hembra deposita sus óvulos, los machos más próximos al lugar son los primeros que vierten su esperma sobre ellos. Los machos de 3 años se acercan a los nidos luchando y generalmente los de mayor tamaño ganan. Por el contrario, los machos de 2 años se acercan a los nidos ocultándose entre las rocas o los desechos o en áreas poco profundas del arroyo; cuanto más pequeños sean estos machos es menos probable que sean descubiertos y ahuyentados por los de 3 años. Tanto los machos de 2 años más grandes como los de 3 años más pequeños raramente pueden reproducirse exi­tosamente y, de esta manera, los dos tipos extremos de machos se mantienen dentro de la población.

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