Desarrollo del hombre





Los ejemplos citados hasta ahora en este artículo son casi todos negativos: el hombre parece incapaz de desarrollarse sin arruinar el entorno. Y no tiene por qué ser forzosamente así; se puede hacer aún mucho en materia agrícola sin acabar con los bosques, la maleza y los pantanos: en los primeros años de la presente década, hubo una superproducción de cereales en Europa y quedaron almacenados 7,5 millones de toneladas de grano en la CEE «sin salida comercial»; había también 1 millón de toneladas de mantequilla almacenada; y la producción de leche aumentó un 30 % entre 1973 y 1983, a pesar de que los precios bajaron un 20 %.
Una vuelta al sistema de rotación de cultivos po­dría reducir la cantidad de fertilizantes químicos que se vierten a la tierra. El uso de pesticidas podría reducirse efectuando un control integrado de las plagas, método que aprovecha los enemigos naturales de los parásitos para controlar su número; y se podría reducir aún más con un poco de control efectivo, utilizando los pesticidas sólo cuando los parási­tos alcanzan determinada densidad en determina­dos momentos de cada temporada.
En cuanto a las emisiones sulfúricas de las centra­les térmicas y los escapes de plomo de los motores de los automóviles existe la tecnología necesaria para reducirlas; sólo hace falta que los gobiernos tengan la voluntad y la libertad necesarias para im­ponerla: unas leyes estrictas de tratamiento de los vertidos industriales ayudarían muchísimo a la limpieza del agua de los ríos. Si se tuviesen más en cuenta las consecuencias ecológicas de determina­das actividades, en vez de considerar sólo las posibilidades de negocio a corto plazo, se reduciría signifi­cativamente el deterioro ambiental.
El hombre influye positivamente en el entorno con el establecimiento de reservas naturales y parques nacionales. La administración de estas zonas se dirige a la protección de la fauna dentro de todo el ecosistema. Los hábitats particulares son conserva­dos, según su importancia para la vida vegetal y animal, salvaguardando los cambios y las secuencias naturales del ecosistema. Por ejemplo, las llanuras calizas se convierten naturalmente de nuevo en arboledas. Nuevas especies vegetales se establecen en ellas y las especies adaptadas a la llanura caliza, más raras, se extinguen; por lo tanto, a fin de conservar este hábitat, deben ser eliminados la maleza y los árboles invasores. Muchos países en todo el mundo están acotando zonas convirtiéndolas así en «santuarios naturales»; pero no serán suficientes para impedir la extinción de miles de especies de animales y plantas, si no se reducen los destructores efectos de la industria y la agricultura intensiva. En este momento se están extinguiendo más o menos dos especies cada día; y esa tasa va en aumento. A este paso, podría también llegarle el turno al Homo sa­piens, y a nada ni a nadie, más que a nosotros mis­mos, podremos culpar por ello.

Desarrollo del hombre.1.

El establecimiento de parques nacionales y reservas naturales, siempre que estén debidamente controlados constituye una acción positiva. Arriba, el parque nacional de Tsavo Park de Kenia; abajo, el de Barathpur, India

Desarrollo del hombre.2.



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