La erosion





Peligros de la erosion

La aplicación de abonos y pesticidas sintéticos reduce el contenido orgánico del suelo y su fecundidad natural, y, en muchos casos, el número de animales que viven en el suelo; éste se convierte entonces en un simple medio físico de sostén de las plantas; ello puede traducirse a su vez en la erosión del suelo, empeorada a menudo con la retirada de los árboles y de la maleza, que tanta resistencia ofrecen al viento y tanto ayudan a fijar el suelo. España es, según el último informe de la OCDE sobre el medio ambiente (junio de 1985) uno de los países de la organización que más rápidamente se está desertizando, junto con Australia y Estados Unidos de América. Aunque no está probado por estudios rigurosos, generalmente se admite que una cuarta parte del suelo español se está desertizando. Como factores que provocan esta desertización, pueden señalarse las frecuentes avenidas, la sequía estival y el abandono histórico de los cultivos. Amenazan también con agravarla factores modernos como las migraciones rurales, la repoblación salvaje, la utilización de tecnología y utillaje erosionantes y los tan frecuentes, últimamente, incendios forestales.
En los peores casos, la rotación puede acarrear la pérdida total de la tierra susceptible de cultivo, proceso denominado desertización Cada año se degradan en el mundo entero dos millones de hectáreas de tierra laborable. La desertización amenaza al 35 % de la superficie terrestre del planeta y a una quinta parte de su población: están ya afectados unos 135 millones de personas, en su mayoría en África, India y Sudamérica.
La desertización puede producirse por varias ra­zones. Por ejemplo, la gradual expansión de los grandes desiertos arenosos se traduce en una ofen­siva de los arenales y las dunas contra la tierra pro­ductiva. El desierto del Sahara ha crecido hacia el sur alrededor de 650 000 km2 en los últimos 50 años. Otra razón es la erosión de las tierras marginales por el exceso de apacentamiento y la plantación en laderas empinadas, lo que hace al suelo vulnerable a la sequía, al viento y a los fuertes aguaceros que barren la capa superficial del suelo. Los planes de regadío hechos a la ligera pueden aumentar el contenido de sal del suelo, hasta imposibilitar los cultivos. El des­censo de la capa freática por la sequía o la extracción de agua favorece también la desertización.
La destrucción de las selvas tropicales para extraer madera o abrir terrenos a la agricultura se traduce casi irremediablemente en serias consecuencias para el entorno. A escala mundial, se destruye cada año más del 1 % del terreno (unos once millones de hectáreas) que queda cubierto por selvas. Las selvas tropicales protegen las cuencas fluviales, ayudan a estabilizar el clima y nos proporcionan un sinfín de productos: madera, combustibles, alimentos, resinas, colorantes y fármacos. Siguiendo la tasa actual de destrucción, muchos países tropicales perderán virtualmente toda su selva para finales de este siglo, lo que significará la destrucción de los hábitats de miles de especies de aves y mamíferos, así como de muchas criaturas menores. A ello se añade la ero­sión de suelo, al haber suprimido los árboles que lo fijaban. El suelo es arrastrado entonces por los sistemas fluviales, donde enturbia el agua. Esto reduce a su vez la luz solar que llega a las plantas subacuáticas, con efectos negativos en la fauna de los ríos. Y aumentan las inundaciones, porque el agua de las lluvias pasa más rápidamente a los ríos desde el momento en que los bosques no retienen ya la mayor parte del agua.
Otros aspectos de la agricultura moderna es el aumento del uso de fármacos en los animales de granja, tanto para combatir las enfermedades como  para hacerlos crecer más aprisa. Esto ha provocado el desarrollo de cepas de bacterias patógenas, por ejemplo Salmonella, resistentes a los antibióticos; estas bacterias pueden transmitirse a las personas que comen carne contaminada poco cocida; la Salmonella provoca la intoxicación de los alimentos, y puede ser fatal para los niños y los ancianos; es particularmente peligrosa cuando pertenece a cepas resistentes a los antibióticos, porque entonces es dificilísima de tratar.
La búsqueda incesante de variedades de cultivo mayores y mejores, y de más rendimiento, se ha intensificado en estos últimos años con la introducción de las técnicas de la ingeniería genética. Ahora es ya posible transferir fragmentos de material genético de una especie a otra; por lo tanto, los genes que causan gran rendimiento en una especie se pueden pasar a otra, poseedora de otras características interesantes; de este modo, se pueden producir variedades capaces de aguantar plagas, tolerar la salinidad y la sequía, producir alto rendimiento y resistir los herbicidas. Pero una selección de este tipo tiende a reducir la variación genética natural de una especie; y esto es peligroso, porque los genes que permitirían a la planta hacer frente a los cambios del entorno, es decir, los que le permiten evolucionar, pueden verse eliminados de la población entera.

La erosion.

Los ciclos del azufre y del nitrógeno pueden ser perturbados por la adición artificial de sustancias químicas al suelo, como ocurre en el caso de algunas aspersiones hoy día rutinarias actividad volcánica



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