Los mares





Los mares poco profundos que rodean las masas continentales son más productivos que las aguas profundas de mar adentro. Sus aguas se sitúan sobre la plataforma continental. En la plataforma continental viven los cardúmenes de peces que constituyen las capturas básicas de pescado del mundo: bacalao, arenques, anchovetas y capelines. El fondo marino tiene allí una rica fauna de gusanos, ofiuroideos, cangrejos y moluscos, que viven sobre él o enterrados en el fango y la arena; hay también bancos de ostras, mejillones, berberechos y almejas, que actualmente se administran y recogen con fines comerciales.
Los arrecifes coralinos se forman en aquellas aguas cuya temperatura media es de más de 18 °C, a menos de 85 m de profundidad y en ausencia de fango. Un arrecife coralino consiste en la acumulación de los esqueletos de animales parecidos a las ac­tinias a lo largo de millones de años. Los corales se alimentan de partículas flotantes diminutas y albergan una riquísima diversidad de fauna marina, incluidos muchos peces de colores muy vivos.
A orillas del mar, se sitúa la frontera del mar y la tierra. Se trata de la costa, esa franja de tierra que la marea cubre y deja al descubierto con cotidiana regularidad. Las plantas y los animales que viven en ella tienen que afrontar los problemas tanto de los organismos terrestres como marinos. En su mayoría son básicamente seres marinos que se han adaptado a vivir parte del tiempo fuera del agua, y constituyen un indicio de cómo pueden haber colonizado la tierra originalmente los animales y las plantas. Tienen que conservar el agua y hacer frente a la salinidad, resistir grandes variaciones de temperatura (a no ser que puedan ocultarse a la sombra de las rocas) y algunos de ellos respirar oxígeno atmosférico. Entre los bígaros (Littorina littorea), existe una zonación de especies de abajo arriba en las rocas de la costa, según su resistencia a la deshidratación; las que viven en lo más alto sólo reciben la humedad de las salpicaduras de las mareas más altas y mueren de hecho si quedan sumergidas; sin embargo, no pueden prescindir del mar porque necesitan las mareas altas para poner sus huevos.
Los animales y las plantas de las costas rocosas tienen que adaptarse además para sobrevivir al golpeteo de las olas. Percebes, mejillones y algas se pegan a las rocas, mientras que otros animales y plantas se protegen en las rendijas. Las costas arenosas o fangosas pueden parecer desiertas en la marea baja, pero sólo lo parecen porque sus habitantes están refugiados justo bajo la superficie.
Las marismas salobres de los climas templados y los manglares tropicales constituyen tipos diferentes de costa; en ellos, la marisma en sí ha sido invadida y estabilizada por plantas terrestres que se han adaptado para sobrevivir a inundaciones regulares de agua salada. Los manglares constituyen unos hábitats ricos sobremanera y constituyen la residencia de varios animales poco corrientes, como los cangrejos violinistas, los peces arqueros, que abaten los insectos de las hojas con un chorro de agua, los peces saltarines del fango trepatroncos y los cangrejos de mangle.

Los mares.

El gusano tubícola Sabellastarte sanctijosephi se ha adaptado a vivir en las calientes y poco profundas aguas de la Gran Barrera de Arrecife. Se alimenta de diminutos animalillos que llevan a su boca las corrientes de agua producidas por el movimiento de sus pequeños cilios



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